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La última huella de Larramendi en "La Verdad"

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Una de las casas que proyectó el ingeniero Larramendi en Almoradí, en una 
foto de los años ochenta. ::J. A. L.


No era el palacete de un burgués adinerado ni de un aristócrata pudiente de la época, sin embargo se mantiene en pie pasados casi dos siglos. La primera vivienda social de la historia de España no es una joya arquitectónica, aunque mantiene la finalidad para la que se construyó, no derrumbarse. El ingeniero José Agustín de Larramendi hizo un profundo trabajo tras el terremoto de 1829 en Torrevieja, Benejúzar, Guardamar del Segura y Almoradí, si bien solo se conserva una casa de muros humildes como el único vestigio físico de su legado en la Vega Baja.
El primer ingeniero de Caminos español trazó las líneas maestras para reconstruir pueblos como Almoradí y en la actualidad solo queda la trama urbana original, que no es poco. El seísmo más importante del siglo XIX llevó consigo la decisión política más relevante de la historia de España en lo que atañe al realojo de damnificados por una catástrofe natural. Este hecho lo ha podido rescatar del olvido el historiador almoradidense José Antonio Latorre, que detalla el valor simbólico e histórico de esta construcción en su libro 'Almoradí, un recorrido histórico'.
Hasta ese momento la Corona española no había sufragado ninguna empresa relacionada con la construcción de viviendas sociales. «Hasta la Real Orden de 1853 no se tiene constancia de que el Estado financiara viviendas sociales», asegura. Por tanto, la reconstrucción de Almoradí, Guardamar y Benejúzar fue el ensayo de lo que en un futuro serían las viviendas sociales.
No obstante, Larramendi fue más allá y estableció un orden de preferencias a la hora de conceder un techo a cada persona. Este sistema de reparto justo situaba en primer lugar a las viudas y pobres, por detrás iban las familias con los recursos suficientes como para construir inmuebles con ayuda y en último lugar las personas adineradas a las que solo se les cedieron las parcelas.
El sistema de reparto del nuevo municipio se llevó a cabo con importantes donaciones de Fernando VII y María Josefa Amalia de Sajonia. Las viviendas destacaban por su escasa altura y por la fortaleza de sus muros interiores. Pocas veces se había levantado un pueblo de nuevo y diseñado para que no volviera a perecer ante un nuevo terremoto. Este legado podrá visitarse en un futuro cuando el Ayuntamiento adquiera y restaure el inmueble en cuestión.
Las réplicas del seísmo no dejaban que el recuerdo de la tragedia desapareciera y la nueva población se volvió a levantar con un trazo cuadriculado pero amoldado a las acequias colindantes. El propio ingeniero reconoció que «los habitantes de los pueblos arruinados están siempre con inquietud al sentir los terremotos, sin embargo ninguno abandona su domicilio y se traslada a otra parte. Piensan que es demasiado bello y rico este territorio como para dejarlo».
Así las cosas, todavía existen tres viviendas en la calle La Reina que proceden de los planos de Larramendi. Estas casas son la prueba existente de que la comarca era un territorio meramente agrícola, ya que todas las viviendas tenían un patio trasero con espacios para corrales y las puertas de entrada tenían doble hoja para que pudieran entrar los animales hasta el fondo. El diseño del nuevo municipio se hizo a partir de la Acequia Mayor que es el punto de partida que propone el historiador Latorre en su nueva publicación. Un nuevo planeamiento urbano racionalista gracias al cual en el centro de Almoradí hay calles tan anchas.


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1 comentario :

  1. Anónimo4:24 a. m.

    me gustaria saber la situacion exacta de esta casa gracias.

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